Libia no hacía parte del grupo de
países considerados en peligro o preocupantes según los expertos que elaboran los
indicadores de estados fallidos. Para
Failed State Index, del Fondo para la Paz, el índex más reconocido, el país se
encontraba ubicado en la posición 111 para finales de 2010 por encima de muchos
de América Latina como Colombia, México, Nicaragua, Venezuela y otros tantos de
África y de Asia. En posición parecida lo catalogaron los expertos que elaboraron
el Index of State Weakness in the Developing World (2008) de Brooking Institution y el Global Report
del Systemic Peace Organization (2009). Tres de las clasificaciones más
conocidas en la materia de debilidad del Estado. Hoy, al iniciar la primavera de 2011, la
situación es distinta y demuestra que la mirada de “laboratorio” de muchos expertos se queda corta –por decir lo menos-
ante los eventos sociales. Pero no es
solo el caso de Libia, otros países del norte
de África fueron clasificados por los expertos como una zona con dificultades moderadas fuera del cinturón de riesgo
de conflicto o al menos con mucho menos riesgo que otros casi cien países evaluados. Hay que recordar que los
llamados estados fallidos son identificados como “amenazas a la estabilidad
mundial” entendida esta como amenazas a la seguridad norteamericana y europea, amenazas que van desde el tráfico de armas
nucleares y terrorismo hasta pandemias y refugiados. Para los expertos la zona de mayor inquietud es
la zona del África Sudsahariana, en particular Somalia, Chad, Sudán, Zimbawe, RP
Congo, Nigeria y Kenia, entre otros de países del centro de África.... sigue
Sin embargo hay que reconocer que los índex han fallado
pero tan solo parcialmente. Si bien es cierto, no estaban dentro del rango rojo
de los “preocupantes” algunos de los indicadores que ayudan a construir el
índex del Fondo para la Paz sí evidenciaban que algo se estaba gestando al
interior de estas sociedades. Al
analizar con detenimiento los indicadores que construyen el índex se encuentran
algunas pistas para entender el estallido de estos pueblos. Dentro de los temas que analizan[1] se
observa como en estos países, desde Marruecos hasta Yemen, los pueblos se
sienten inquietos especialmente por el nivel del subdesarrollo y desempleo, el
declive económico, la situación de los derechos humanos y la poca legitimidad del Estado. Este malestar general se agrava por la
presencia de otros factores, el primero de ellos es el poder la juventud y sus
expectativas no resueltas. Cerca la mitad de la población activa se encuentra
entre los 15 y los 29 años esto significa 100 millones de jóvenes en la región
del norte de África y Oriente Medio que constituyen una presión demográfica,
social y política, todo un reto para cualquier Estado; “…el potencial
transformador de esta plétora juvenil no se está aprovechando adecuadamente y,
lo que es aún más grave, la juventud árabe es en gran parte una población
socialmente excluida de ámbitos cruciales como la educación, el empleo y la
vivienda. Esta exclusión dificulta y dilata extraordinariamente su inserción
productiva y social en un largo periodo de incertidumbre o de
"espera", con un riesgo y frustración crecientes.” (Diario El País,
feb2, 2011)
Esta fuerza es la que hoy ha estallado y busca
oportunidades y cambio. Sumada a la
fuerza juvenil se encuentra la influencia de los medios de comunicación y el
internet. El mundo es cada día más abierto a la información. A través de
internet es posible conocer otras formas de vida de manera más fácil y rápida que
antes. La juventud árabe tiene abierta esa ventana pero siente que no tiene la
puerta para acceder a muchas de las realidades que observa a través de la
pantalla de un computador. Las redes sociales son otro aspecto revolucionario, gracias
a estas redes miles de jóvenes se han reunido y compartido sus inquietudes y
molestias, incluso atravesando fronteras. La tecnología ha brindado también la
forma de organizarse y manifestarse en contra de lo que ya no consideran legítimo.
Para algunos analistas las revueltas representan la lucha por la dignidad
personal y la libertad frente al destino de la propia vida.
Pero si bien las razones de las revueltas son válidas, la
razones de la intervención internacional no tanto. ¿Proteger a la población? ¿Apoyar
procesos democráticos? ¿Construir estados? El tema genera polémica. Lo que sí
es seguro es que sabemos cómo inician las intervenciones pero nunca cómo acaban,
ni los costos humanos ni financieros –tema que preocupa hoy a muchos
norteamericanos-. ¿Hasta dónde llegará la intervención militar? ¿Quién asumirá
los costos políticos?
La presencia extranjera en la región puede ser vista en
un primer momento –para el caso de Libia- como una esperanza para un pueblo
atacado por su gobernante, pero ¿luego? ¿Un intento por retomar el rol
colonialista? ¿Otro ataque cristiano al
pueblo islámico? ¿Un abierto robo de los recursos naturales? Para estos pueblos
la figura europea hace parte de su memoria reciente y es un riesgo para la
Unión Europea y la Otan volver a la región. ¿Apoyar en la “construcción” de
estado? En sociedades con fuerte tradición ancestral distinta al modo
occidental de gobierno donde, como en el caso de Libia, las instituciones
apenas si existen ¿será una opción viable “construir” democracia desde arriba , desde afuera? ¿Garantizará
este apoyo la paz en la región? Las preguntas quedan planteadas ,las respuestas
no son tan sencillas, nunca lo son cuando se trata de movimientos sociales. El
laboratorio de la clasificación mundial de estados fallidos apenas es una
sombra de aproximación a la realidad, poco nos puede decir del futuro de dichas
sociedades.
Lo que sí es cierto es que la posición geopolítica de
Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto –justo en la costa sur del
Mediterráneo- hace que el tema sea de gran preocupación para la Unión Europea. Revueltas
políticas, guerras civiles y conflicto significa desplazados, inmigrantes,
costos para toda la cuenca del Mediterráneo. Al parecer la frágil estabilidad
política producto de la fuerza de poderes autocráticos y dictatoriales se ha
roto por el cansancio de un pueblo que no recibe lo que espera del desarrollo y
que quiere manifestar sus deseos
políticos. Pero ¿quieren derrocar a las monarquías? O ¿sólo abrir algunos
espacios políticos? Todos estos aspectos
son todavía un misterio para los analistas occidentales y un riesgo para los poderes
que intervendrán en la región.
El rol de los Estados Unidos y Europa aún no está claro, ni los alcances de la intervención;según la resolución
de las Naciones Unidas el objetivo es “proteger”, pero aún no se sabe si dicha
protección pase por la caída del coronel Gadafi , y ¿si no cae? ¿Establecerá
la ONU una región bajo su protección de manera indefinida? ¿Creará la ONU un
nuevo país al norte de África? Con el paso de los días el mundo tendrá algunas respuestas
o quizás muchas sorpresas.
[1]
Recordemos qué aspectos se
tratan: presiones demográficas, refugiados, quejas de grupo, poco desarrollo,
declive económico, legitimación del Estado, servicios públicos, derechos
humanos, aparatos de seguridad, élites fraccionadas e intervención extranjera.

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