lunes, 11 de octubre de 2010

La amenaza proviene también de los países débiles

A partir del 2001 la preocupación por la “salud” estatal y su impacto en la seguridad internacional se esparció por el mundo: centros de pensamiento, organismos multilaterales de cooperación y gobiernos no solo buscaban analizar un hecho, sino ir más allá y plantear soluciones e intervenciones para estos estados, incluso se contempla anticiparse a las crisis estatales que pongan en riesgo la estabilidad y seguridad internacional.

Con el paso de los años los expertos consideraron que la lista de países generadores de preocupación mundial en materia de seguridad no se limitaba a los estados fallidos, la lista debía incluir a aquellos estados en riesgo de desfallecer –failing states-. Así para el Center for Global Development (CGD) , aún más peligrosos que los países de renta baja y prácticamente fallidos por su realidad económica, política y social, se constituyen los países de ingreso medio dado que cuentan con un nivel mínimo de infraestructura estatal que permite el desarrollo de actividades ilegales, ilícitas y terroristas. La preocupación frente a estos países en desarrollo, más que en la pobreza o desigualdad, se centra a partir de 2002 exclusivamente en materia de seguridad.




Al ampliar la lista quedaron más de cien países en la mira de estados sospechosos de contagiar a la humanidad de peligros de todo tipo: desde amenazas terroristas hasta pandemias y enfermedades. La misma percepción atravesó el Atlántico “Según la Estrategia de Seguridad oficial de la Unión Europea, publicada en el 2003, el fracaso del Estado es una de las cinco amenazas clave de Europa.” (Sogge,2008,pág. 1)

A pesar de ser considerados un reto para el mundo desarrollado, el concepto de Estados Fallidos no cuenta con un concepto definitivo y compartido entre los expertos. Se tiene diversas aproximaciones en general se ha relacionado lo fallido con la falta de capacidad o voluntad de los gobiernos para garantizar a sus ciudadanos los bienes públicos esenciales que debe brindar un Estado moderno. Sin embargo, no hay acuerdo sobre cuáles son aquellas funciones esenciales que debe cumplir un Estado moderno y que tanto debe cumplir el estado en temas específicos para no ser considerado fallido. Paralelo a la falta de consenso en la definición del término corre la multiplicidad de acciones que, según los expertos, se deben ejecutar para garantizar la seguridad internacional.

De la literatura en general se puede observar:

• Primero, se relaciona la debilidad estatal ya no por sus consecuencias en el desarrollo humano; sino por la amenaza a la seguridad internacional –entendida como la seguridad nacional de los Estados Unidos y de los países de la Unión Europea y se extiende hacia la seguridad de los intereses estratégicos; es una visión desde los centros de poder de Occidente y que no cuenta con evidencia empírica.
• Segundo, en el campo de la prescripción académica se proponen acciones de todo tipo para contrarrestar el efecto de la debilidad estatal, para ello, entonces es necesario garantizar el monopolio del uso de la fuerza, restablecer el orden social, controlar el territorio y las fronteras, luchar contra la pobreza, limitar la soberanía, fortalecer la capacidad institucional, promover la democracia. Sin embargo, y siguiendo la línea anterior, sobresale la opción militarista por encima de otras consideraciones. En palabras de algunos especialistas frente a los estados fallidos se debe actuar mediante la defensa, diplomacia y desarrollo, en ese orden.
• Tercero, para la gran mayoría de los analistas la responsabilidad de la falla o debilidad estatal es íntegramente un asunto de ámbito doméstico de los estados cuestionados como frágiles, se deja de lado el contexto mundial o la responsabilidad internacional en dicha realidad. Se limita la debilidad estatal, según el diagnóstico, a la falta de “voluntad o capacidad” de los estados frágiles o fallidos pero poco se menciona la posible falta de “voluntad o capacidad” de los estados industrializados para cumplir sus promesas en materia de desarrollo o apertura de mercados. Ejemplo de ello se lee en las evaluaciones sobre el impacto de la cooperación internacional en África, ante los pocos resultados la responsabilidad recae en la falta de legitimidad de las autoridades locales y falta de compromiso de sus gobiernos y sus sociedades.

Al evaluar si existe un patrón diferenciado y posturas distintas frente a la realidad de los estados fallidos entre los especialistas norteamericanos y europeos -ya que se tiene la impresión de que en materia de política exterior la postura norteamericana tiende a ser militarista y la europea a la acción diplomática y pro desarrollo-; se encuentran más coincidencias que divergencias en la posición política frente a los estados fallidos post 11 de septiembre: son una amenaza para la seguridad internacional.

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